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(Artículo publicado en La Opinión de Zamora, edición de 17 de Noviembre de 1999) |
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El hecho es que un buen día se le presentaron los responsables políticos de la anterior legislatura municipal en casa para preguntarle cuánto pedía por su labor, reconociendo así su quehacer. "Ellos vinieron ofreciendo", señala este histórico cabrero, que durante años acarreó piedras y piedras para acondicionar los escondrijos donde guardaba a los chivos de los depredadores.
Hoy, tiempo después de aquellas buenas intenciones y cuando su faena es una de las atracciones que causan una extraordinaria impresión a los visitantes, todo quedó en el olvido. "A los pobres siempre no toca lo mismo. Todos se ríen de nosotros" expresa.
Su deseo, entonces, es que se le llamara a una sesión plenaria del Ayuntamiento donde se abordara esta cuestión y dejar claro una cuestión que ha pasado a ser un motivo de interés turístico. "El terreno es del común, pero el trabajo es mío" afirma el vecino. Además, está convencido de que con las piedra puede hacer lo que le venga a bien.
Agradece, especialmente, el buen trato que se le ha dispensado por parte de los responsables de Medio Ambiente Jesús Palacios, Ana Martínez y el encargado de la oficina de Información de Los Arribes. Sin embargo, afirma que "hay sinvergüenzas que no se han portado de la forma que debían". Incluso precisa que hay vecinos que le respaldarían en cualquier postura que tomara al respecto.
A la construcción de los chiviteros dedicó muchísimos ratos Manuel San Antonio Mateos, conocido popularmente como “El Cabrero” de Torregamones por haberse dedicado en cuerpo y alma al pastoreo de las cabras.
Para evitar que las crías fueran devoradas por los depredadores, mientras el ganado pastaba por el campo, recurrió a la histórica construcción de los chiviteros, unos chozuelos de piedra, techados de escobas y cuyas bocas se cerraban con una losa para impedir la salida de los chivos o la entrada de las alimañas.
Los chivinos salían de sus guaridas por la mañana y por las tardes para mamar a las madres y alimentarse. El resto del día lo pasaban allí escondidos.
El conjunto de escondites aparece preservado, además, por una corraliza de piedra lo cual hace que el escenario mantenga todo el significado de la tradición ganadera y los modos de vivir de los pastores de la zona.
Medio Ambiente ha restaurado la cerca y ha acondicionado un aparcamiento de modo que los chiviteros de Torregamones se ofrecen como una de las maravillas de Los Arribes del Duero.
Fotografía: Copyright © de La Opinión de Zamora.
Última actualización: 17 de Noviembre de 1999
Autor: J. A. García (La Opinión de Zamora)
Responsable: Reis Lima Quarteu