Torregamones, mirador pétreo del Duero

Las viviendas de la localidad siguen conservando el aspecto típico sayagués y el cañón del río y sus encantos paisajísticos comienzan a despertar el interés de los turistas

(Artículo publicado en La Opinión de Zamora,
edición de 16 de Julio de 1999)
La Opinión de Zamora

María Miano, de 82 años, en plena faena de la trilla Torregamones presenta todos los encantos que gustan de descubrir los correcaminos y estudiosos que indagan el tipismo del mundo rural, pues a la arquitectura granítica, de grandes bloques, se unen particulares expresiones artísticas u oficios a punto de extinguirse. Es el caso de las tallas de “Clara la del Canto”, “La Serpiente tragándose a un niño” o “El Herrero” que aparecen en una vivienda particular.

La herrería tuvo en este pueblo una gran fuerza y unas manos privilegiadas. De aquella tradición solamente queda, más muerta que viva, la fragua de Sebastián Pascual. Por su fragua pasaron recientemente un peregrino, que iba camino de Santiago, a herrar su burro, y un catedrático de Oporto a tomar datos sobre estos viejos quehaceres. Entre los personajes singulares está José Alfonso, que vivió toda suerte de vicisitudes. En la guerra civil se salvó, dicen, porque se amagó debajo de un cadáver y pasó desapercibido.

Pero si el visitante es un turista amante de la naturaleza agreste e hidrológica, también hallará motivos para pasmarse si afronta sin empacho los vértigos y los vacíos del arribanzo del Duero; un cañón que recorre por el término casi una decena de kilómetros y que deja ver, al otro lado, una de las envidias de Torregamones: Miranda do Douro.

En los cantiles aletean, queriendo planear con la gracia de sus padres, las crías de los alimoches. Y emergen hacia las nubes los buitres. Unos y otros dejan su rastro en los posaderos, marcados por los excrementos.

Torregamones es un pueblo extendido, "desgarrado y muy grande", con decenas de cortinas, o cortinos, salpicadas por el casco urbano. Hay abundancia de calles y callejuelas. A ambos lados se dejan ver los portalones con viejas trancas en las puertas que dan acceso a grandes corralones donde descansan los perros y los gatos. En ellos se guarda el carro y se entretienen las personas conversando unos con otros. Es frecuente observar a las mujeres cosiendo a la vieja usanza o a los hombres liados con cualquier manualidad.

La ganadería se apunta como la principal actividad, por delante de la construcción, que tiene su importancia a juzgar por las edificaciones y las remodelaciones que saltan a la vista. El censo ganadero se cifra en unas 5.000 ovejas, un centenar de vacas, unas setenta cabras y más de un centenar de cabezas de asnal y caballar. Los ganaderos saben que el día 20 recibirán la visita del equipo de veterinarios para realizar el saneamiento. Ello supone que deberán tener «preparados los animales, debidamente identificados y sujetarlos». La falta de colaboración dará lugar a una falta administrativa y el incumplimiento motivará un expediente sancionador.

La sesión plenaria que se celebró en el Ayuntamiento fue un ejemplo de tolerancia, campechanía y buena disposición; con un secretario que continuamente aleccionaba a los ediles sobre los cauces administrativos. Los escaños de los concejales no son otra cosa que unas sillas de escolares de la más tierna edad. Estos expresaban sus criterios sin cortapisas. Ni asomo de caciquismo, ni asomo de prepotencia. Los debates se alargaban porque se hablaba de todo. Así, para tratar sobre la limpieza de una charcas, se dedicó un buen tiempo a hablar sobre los pros y los contras del futuro Parque Natural; algo que es visto por los ganaderos con cierto recelo por temor a que la prohibiciones, las restricciones y las sanciones martiricen un oficio que ya es de por sí bastante sudoroso.

Aunque El Geijo está abierto para todos los ganados, los pastos de otras zonas se irán concediendo al ganado mayor y menor una vez que se retiren las cosechas para evitar daños.

Dicen que "siempre hubo y siempre habrá" conflictos en La Dehesa porque algún vecino no se aviene a razones y hace lo que le viene en gana.

Tres mil hectáreas de las poco más de cuatro mil que tiene el pueblo las compraron los vecinos a principios del presente siglo. La Dehesa se logró a base de mucho esfuerzo y «saliendo a trabajar fuera». Afirman que cada vecino pagó unas 7.000 pesetas. “El Bozón” fue donado por una señora terrateniente.

Las eras son estos días un escenario de gran actividad. Ya no es "la espesura de gente" de hace algo más de treinta años, según afirma Atilano Iglesias, pero continúa trillándose. Además, es posible contemplar todavía la imagen del trillo tirado por una caballeriza dirigida, en este caso, por María Miano, de 82 años, que da vueltas y vueltas a pleno sol con gran firmeza física.. El centeno es extraido de los haces y esparcido por Imael Iglesias, un joven que terminó magisterio y que, una vez que pasen las fiestas de los pueblos, se clavará de codos para tratar de sacar una oposición que le retire de andar en semejantes berenjenales. La yegua se llama “Rubia”, tiene once años y sabe del oficio más que nadie. Por aquí y por allá , otros vecinos de Torregamones tratan de sacar el grano de las espigas a la vieja usanza.

Como curiosidad, cogen una paja y haciendo unos cortes preparan un “pidivino”, que era una forma de entretenerse y matar el tiempo los agricultores.

De las diversas herrerías que contó el pueblo únicamente queda, de forma un tanto testimonial, la fragua de Sebastián Pascual, el padre del nuevo alcalde, Julio Pascual. "No le saques en el periódico que ya anda bastante con chicas" dice su madre.


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Última actualización: 20 de Julio de 1999
Autor: J. A. García (La Opinión de Zamora)
Responsable: Reis Lima Quarteu